lunes, 16 de febrero de 2009

Proyectos para futuros telescopios

Gracias al Ares V se podrían poner en órbita telescopios gigantes que nos abrieran nuevas ventanas al Universo.

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Comparativa entre un telescopio monolítico de ocho metros y el Hubble. Foto: NASA.

En este Año Internacional de la Astronomía algunos miembros de la NASA sueñan con que algún día se pueda poner en órbita telescopios gigantes como jamás antes los habíamos esperado. Harley Thronson, líder de los estudios conceptuales avanzados del Goddard Space Flight Center, dice que gracias al Ares V será posible.
Ares V es parte del sistema que, en teoría, si hay dinero y voluntad, conseguirá poner al hombre otra vez sobre la Luna. Es un lanzador de cargas pesadas capaz de poner en órbita 180 toneladas (el equivalente a 17 autobuses escolares), seis veces más peso y tres veces el volumen que la actual lanzadera espacial puede colocar. Con esa capacidad se podrían poner telescopios enormes en órbita, donde la ausencia de atmósfera permite observaciones libres de turbulencias las 24 horas del día. Cuanto mayor es el espejo primario de un telescopio mayor es su poder de resolución y mayor la cantidad de luz que puede recoger.

Con el Ares V se podría poner un telescopio con un espejo monolítico de 8 metros de diámetro a un costo aceptable y sin demasiados riesgos. Tendrían un resolución tres veces superior a la del Hubble (con sus modestos 2,4 metros) y recogería 11 veces más luz.

Pero el Ares también podría transportar un telescopio segmentado de 16 metros denominado ATLAS (Advanced Technology Large-Aperture Space Telescope), que proporcionaría una ciencia espectacular. Sería 2000 veces más sensible que el Hubble y proporcionaría imágenes con una resolución siete veces mejor. Observaría en el visible y UV.

Con ATLAS el descubrimiento de planetas habitables estaría a la vuelta de la esquina, ya que podría detectar planetas de tipo terráqueo en otros sistemas solares dentro de una esfera de 70 años luz de radio centrada en la Tierra. Podría además medir sus espectros en busca de señales del oxígeno libre, o del vapor de agua. Además proporcionaría datos importantes para entender los agujeros negros supermasivos en los centros galácticos.

Pero también se podría diseñar un telescopio similar en el infrarrojo de 8 o 16 metros que permitiría entender la formación de las primeras estrellas y galaxias, y observar muy cerca del borde del Universo visible.

Incluso se podría poner en órbita un telescopio de rayos X similar al Chandra, pero de 8 metros de diámetro (1000 veces más sensible) que permitiera ver los primeros agujeros negros formados justo después del Big Bang.

Quizás, si se encuentra el dinero en estos tiempos de crisis, todos estos sueños sean posibles, pero curiosamente nadie se pregunta qué telescopios podríamos tener ya en órbita si se hubiera utilizado el Saturno V para ese fin hace décadas o qué hacen los astronautas de la estación espacial, aparte de medirse la presión arterial continuamente, en un “hotel” tan caro.

Fuentes y referencias:
Nota de prensa de la NASA.

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